-¡Garland!-estalló una voz familiar- ¡El capitán te requiere!
"¿Pero quién?"
-¿Damos?-farfulló Garland, desperezándose- ¿Tienes idea de que hora es?
-Eso no importa, el capitán te requiere ahora-respondió Damos, irritado-. Anda, apura, que he tenido que abandonar la guardia para avisarte y el jefe se mosquea... Y lávate, que mi perro huele mejor.
Aún no había amanecido. Garland se incorporó sobre la hamaca para encender el candil que colgaba sobre él, pero entre el balanceo del navío y el embotamiento por su precoz despertar le impidieron conseguirlo los dos primeros intentos. Cuando lo tuvo encendido, echó un vistazo al reloj y se disgustó al leer casi las cuatro y cuarto. ¿Cuanto tiempo hacía que no veía las cuatro y cuarto? Pensando en su última guardia, se levantó como pudo y, haciendo eses, se dirigió hacia el lavadero. Bastó un vistazo rápido al barril para darse cuenta de que reutilizando esa agua para limpiarse solo conseguiría oler peor, pero se permitió usarla para despejar la cara. Más tarde, ataviado con el uniforme negro que correspondía, atravesó el buque con paso un poco menos torpe para presentarse en el camarote del capitán, quien, para su sorpresa, estaba despierto y fresco como una lechuga.
-Descansad, muchacho- saludó con su extraña familiaridad distante- Sé que resultará extraño para vos, pero el imperio convoca vuestros servicios ahora.
"¿A las cuatro y media de la madrugada?" pensó, pero fué lo bastante prudente como para tragarselo y esperar detalles.
-Vereis -continuó el capitán- , un grupo de soldados de élite viajan en incógnito entre nosotros. Tienen una misión muy concreta y se me ha encargado su custodia, aunque no responden ante mí. De todos modos...
-No estaba al tanto de la situación... - se le escapó a Garland por puro reflejo-... mi señor- añadió.
-Viajan de incógnito para todos. Se me ha pedido que si varios soldados abandonan el barco actúe con naturalidad, así que si no fuera porque requieren de mi ayuda yo tampoco tendría que saber de quienes se trata. Ellos deberían tomar un bote mañana por la noche para llevar a cabo su misión, de la cual tampoco estoy al tanto. El problema es que uno de ellos... en fin, ha caído enfermo y está completamente incapacitado para seguir adelante, así que lo hemos puesto en cuarentena. En vista de la situación, han solicitado la ayuda de algún sujeto a bordo con un historial destacado. Iría yo mismo, pero como comprendereis, no puedo abandonar mis obligaciones así como así.
-Me honra que destaqueis mi historial, mi señor- comentó Garland, sintiéndose bastante halagado.
-Es más que eso. De todos nuestros reclutas sois el único que, aún siendo incapaz de emplear la magia, ha sido promocionado al rango de Mago de Batalla. Y aunque las malas lenguas aseguran que se debe a la posición de vuestra madre en el Imperio...
-Ejem...
-... yo sé perfectamente que ni el más aventajado de vuestros camaradas sería capaz de batiros en un duelo limpio. De hecho, creo recordar que ningún mago os ha tumbado hasta la fecha- Garland se hinchó con orgullo-. Y es precisamente eso lo que os hace tan valioso en nuestra lucha contra los dragones.
-Gracias, señor. Tomaré esta misión con el entusiasmo que se espera de mí.
-Eso esperaba oír. Ahora acompáñadme. Vuestros nuevos compañeros os darán más detalles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario